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jueves, 25 de octubre de 2018

Halloween (2018):

Duración: 106 Minutos
Dirección: David Gordon Green (George Washington, All the Real Girls, Prince Avalanche) 
Guión: David Gordon Green
Danny McBride
Protagonistas: Jamie Lee Curtis (Halloween (1978), Un Viernes de Locos, Scream Queens)
Nick Castle (Halloween (1978), El niño que podía volar)  
Judy Greer (Si tuviera 30; Ant-Man I,II; 15:17 Tren a París)



Ficha en IMDb
Ficha en Wikipedia

Tenían que pasar 8 películas de la saga para el retorno de Jamie Lee Curtis a su papel de Laurie Strode, y 9 para el retorno de Nick Castle como Michael Myers, lo que le da cierta epicidad inconmensurable a la secuela. Ignorando la trama de todas las películas anteriores, la película se vincula únicamente con la original.


Teniendo cerca al legendario John Carpenter, aquí con su magnífica música, y como productor ejecutivo, podemos entender el respeto de la nueva cinta con respecto a la original. Tenemos el tan particular tema, y hasta los títulos en el inicio, para dar un ejemplo. Por momentos ese respeto se vuelve algo de homenaje, con escenas muy similares a la original, lo que sin embargo no se convierte en un  problema. ¿Por qué no se convierte en un problema?
Halloween no te deja despegarte del asiento ni siquiera por un segundo, aún sabiendo hacia donde va a desembocar, y con una trama minimalista. No sólo es una película dinámica, sino que tiene su propia estética: un uso de la sangre y la violencia sutil por momentos y brutal en otros, el uso de luces azules y rojas sobre distintos rostros, logrando un color grisáceo en la piel de los protagonistas en el primer caso y cierto artificio en el segundo.


El uso del fuera de campo, las ocularizaciones internas secundarias -gracias a la fotografía de Michael Simmonds-, y un gran sonido (P.K. Hooker) nos hacen recorrer junto Myers un raid de violencia alucinante y hasta con toques de comedia. Respecto a las actuaciones, no queda mucho espacio para hablar de otra performance que no sea la de Jamie Lee Curtis, que se roba la película, con una gran actuación. Esto no significa que esté mal respaldada, de todos modos -Nick Castle a pesar de estar tras una máscara casi todo el tiempo merece reconocimiento-.
Hilando fino, se puede pensar que la trama presenta algunas movidas anti-intuitivas, y el asesino casi es poseedor de una omnipotencia. Pero pensando en lo que hace visible a la historia, no sería justo terminar esta reseña sin mencionar el cuidado trabajo de edición (Timothy Alverson).


Probablemente esté diciendo una barbaridad para los fans de la primera película, pero la segunda entrega es hasta mejor que la icónica cinta del 78. La cinta de Green, no solamente está pulidísima a nivel técnico, sino que tiene una estética, y una dinámica envidiables, mención de honor para nuestra scream queen, Jamie Lee Curtis.

Mi Calificación: 7,50 (siete y medio) Buena

lunes, 22 de octubre de 2018

¿Qué es el Shnit?: 

Probablemente la respuesta de memoria tiene que ser dada por lo curioso del nombre. El Shnit se trata de un Festival Internacional de Cortos trasnacional, es decir que sucede en simúltaneo en varias ciudades de los cinco continentes. Buenos Aires es una de las sedes desde hace cinco años consecutivos, haciéndose en el Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551). Particularmente puedo decir que es mi segundo año disfrutando de un festival que destaca por presentar cortos de una gran variedad de países, algunos de ellos animados, además de darle un rol importante a la juventud. 

El arte de color magenta del Festival resulta muy llamativo
y creativo, teniendo siempre muy presente la cultura juvenil. 
Ayer, Domingo 21, fui al Festival con la intención de presenciar la sección Midnight Yellow (acá se puede ver el Programa del Shnit, que sigue hasta el próximo Sábado). Cuando llegué me encontré con la sorpresa de que la sección se había atrasado, sopresa grata, de todos modos, porque tuve la oportunidad de escuchar la poesía de Camila Mardones y Francisco Catalano. 
Hubo una hora de atraso, lo que es bastante, pero antes de que iniciara la proyección, el presentador nos comentó que por la demora nos podíamos quedar a la siguiente parte del Festival: Bright Brown, lo que acepté encantado. 
Así empezaba Midnight Yellow. 

Midnigth Yellow estaba compuesta por seis cortos: 
1) Les Miserables (Francia), de Ladj Ly. Un corto ambientado en un barrio pobre parisino, que nos hace reflexionar sobre la brutalidad policíaca de un país democrático, contra los inmigrantes africanos. 
2) The Ordinary (Francia), de Julien & Simon Dara. Probablemente, uno de los más curiosos de la competencia, por su combinación entre matar a un dragón y bailar.
3) Offstage (Rumania), de Andrei Hutuleac. Un director de teatro es secuestrado por un actor y una actriz bastante psicóticxs, por lo que el estilo absurdo e incómodo está muy presente durante los 25 minutos que dura.

 Fotogramas de los primeros tres cortos, ordenados de acuerdo a como fueron pasados.

4) The Director's Treatment (EE.UU., Costa Rica), de Heinz Kobernik. Destaca no sólo por la pluralidad del elenco de trabajo, sino también por su respeto a las diferencias culturales de las distintas poblaciones que habitan Estados Unidos. Claro que la estética y su humor son magníficos.
5) Lost Property Office (Australia), de Daniel Agdad. Una hermosa animación de estética kafkiana, que nos demuestra que hay algo más en la vida que el trabajo.
6) Good Mourning (Sudáfrica), de Ian Morgan. Una comedia negra, de título muy ingenioso, y personajes muy queribles.

De izquierda a derecha 4,5 y 6 respectivamente. En 4 destaca el color, que se combina con el blanco y negro a lo largo del corto, mostrándose la ductilidad del director y la idea tras el proyecto.

Por último me quedé a la sección Bright Brown -lo que no significa que no vaya asistir a funciones del Viernes 26 y Sábado 27-. Esta tenía los siguientes cortos:
1) Artem Silendi (Francia), de Frank Ychou. ¿Se puede hacer comedia muda en este milenio? La sutileza de este trabajo, y la simplicidad argumental parece demostrarnos que mientras esté la creatividad de por medio, no hay problema.
2) Bonobo (Suiza), de Zoel Aeschbacher. Tres historias a lo Babel (2006),o Amores Perros (2000), vinculadas en este caso por un ascensor que no funciona.
3) Prey (EE.UU.), de Bill Whirity. Posiblemente uno de los cortos más inesperados, de construcción sólida, e increíblemente agresivo para su corta duración.
 Misma organización para estos fotogramas. El tercer corto, tiene la comodidad de presentar un género muy estudiado en Estados Unidos, como es el terror, lo que no le quita méritos, sino quizás resalte su frescura.

4) The Box (Eslovenia), de Dusan Kastelic. Con The Ordinary, es uno de los cortos más extraños que ví, pero este tiene la particularidad de expresarse claro sin palabras, dejando un espacio gigante a la interpretación del mismo ciertamente. A mí, especialmente, me hizo vincularlo con la Alegoría de la Caverna.
5) Wave (Irlanda), de Benjamin Cleary & TJ O'Grady Peyton. La comprensión, la tolerancia, y la soledad son expresados en este drama que tiene un gran simbolismo y es realmente emocionante. Además tiene la perlita de contar con Rock 'n' Roll Suicide de David Bowie.





    

jueves, 4 de octubre de 2018

Johnny English 3.0 (2018):
-Johnny English Strikes Again-

Duración: 88 Minutos
Dirección: David Kerr (That Mitchell and Webb Look,
Fresh Meat, Inside No.9)
Guión: William Davies
Protagonistas: Rowan Atkinson (Johnny English I,II; Sálvese quien Pueda!; Las vacaciones de Mr. Bean)
Olga Kurylenko 
Ben Miller (Johnny English I, The Armstrong and Miller Show, What We Did on Our Holiday)

Ficha en IMDb
Ficha en Wikipedia

Si hay algo en común en las tres películas de la saga es un presupuesto que ronda en 40 millones de dólares, y críticas negativas de Metacritic y Rotten Tomatoes. Las primeras dos cuadruplicaron su presupuesto en taquilla, por lo que sería esperable que a la tercera le vaya de forma parecida. Por lo demás William Davies se mantiene como guionista, y el director David Kerr tiene la particularidad de no haber dirigido antes para la pantalla grande.


Probablemente lo que más me quedó en la retina de la tercera entrega de Johnny English haya sido el Aston Martin V8 Vantage rojo que maneja nuestro protagonista, quizás refiriendo al usado por James Bond en Su nombre es peligro (1987) -un Vantage Volante, descapotable-. Lo cual probablemente no hable tan bien de la película en sí. Sin embargo, comparando esta bellísima máquina de 5.3 litros con los actuales híbridos, y trazando otros paralelismos entre la tecnología digital y analógica, la película logra cierto brillo cómico en sus análisis. A decir verdad, para alguien que no es muy fanático de la trilogía, la parte cómica no decepciona, sino que mejora bastante respecto a sus predecesoras, quizás parcialmente por abandonar el machismo recalcitrante.


Problemas estructurales hay: la realidad es que la película apuesta a lo mismo de las anteriores, por lo que los "actos" casi no varían. No es una cinta poco entretenida, pero para su corta duración tiene partes donde el argumento parece esfumarse. No queda inhabilitada, de todos modos, la interesante lectura sociológica del guión sobre el mundo de la informática y su mezcla con la política, podríamos tranquilamente pensar en Jason Volta (Jake Lacy) como un Marck Zuckerberg, o un Elon Musk.
Las actuaciones presentan un poco lo mismo de siempre: protagonistas que no salen de su personaje y mediocridad general. Si podemos decir, que Olga Kurylenko sale a flote de ese pantano y Emma Thompson, le da cierta seriedad al asunto.


Podría decirse que la trilogía de Johnny English fue en ascenso, desde su primera película algo tilinga a dos producciones dignas. Claro que no buscaría particularmente una evolución milagrosa por el simple hecho de la presencia de un techo, y esto es, todes recordamos a Austin Powers.

Mi Calificación: 5 (cinco) Regular

domingo, 30 de septiembre de 2018

Y abrázame (2017): 

Duración: 67 Minutos
Dirección: Javier Rao (Ópera Prima)
Guión: Javier Rao
Julián Settón
Protagonistas: Joaquín Sánchez (Película Debut)
Pablo Sigal (Hermia & Helena, La Caja Vacía, La omisión) 
Rocío Muñoz (Ángel o Demonio, All roads leads to Rome, Un passo dal cielo)


Ficha en IMDb
Ficha en FilmAffinity

Película argentina de terror que anduvo por festivales como el SITGES, y el BAFICI, ambientada en el conurbano bonaerense.


En la primera escena de la película no es quizás tan relevante lo que vemos, sino lo que escuchamos. Joaco (Joaquín Sánchez), nuestro protagonista, está con auriculares cortando el pasto. Nosotres, como espectadores, no sólo escuchamos el ruido de la cortadora, sino también la música. Esto nos lleva a una primera suposición sobre el énfasis en la subjetividad del protagonista, la cual efectivamente va a ser explotada a través de ocularizaciones internas secundarias, y auricularizaciones internas primarias. El sonido (Mercedes Gaviria, Rodrigo Sánchez Mariño y Sofía Montes) está muy bien trabajado. Aunque exagerado a veces, aumenta la espacialidad del entorno mediante un acertado uso del fuera de campo. La música (Joaquín Sanchez, Gregorio Gonzalez) comparte esa función, generando además el necesario desconcierto y tensión.


Quizás no tan pulcra como el sonido es la fotografía (Artur Vestein), que sin embargo nos regala un buen uso de luces artificiales, oscuridad, y planos "sucios".
 Omitiendo esa fijación por lo técnico, podemos decir que el factor inconsciente que provoca el film no solamente es aterrador, sino que tiene una atmósfera onírica salvaje. Personalmente, considero muy valorable que la historia no refiera en ningún momento al tradicional imaginario católico del género en que está enmarcada, lo que le da una mitología bastante personal y hasta geográficamente localizable.


Podemos decir que Y, abrázame, la ópera prima de Javier Rao, resulta bastante virtuosa, y esas virtudes también se reflejan en el elenco, donde destacan Querelle Delage y Rocío Muñoz. 
No habiendo visto mucho cine argentino de terror, quizás por algún prejuicio, o lo complejo que resulta acceder al mismo, puedo decir -tímidamente- que el camino de la cinta de Rao no sólo es muy respetable, sino que tiene una personalidad misteriosa y atractiva. 

Mi Calificación: 7 (siete) Buena

jueves, 20 de septiembre de 2018

La Casa con un Reloj en sus Paredes (2018): 
-The House with a Clock in Its Walls-

Duración: 104 Minutos
Dirección: Eli Roth (Hostel I,II; Caníbales; Knock Knock)
Guión: Eric Kripke 
Protagonistas: Owen Baccaro (Guerra de Papás I, II; Enredadas... pero felices!; Fun Mom Dinner)
Jack Black (Escuela de Rock, King Kong, Escalofríos)
Cate Blanchett




Resulta curioso y quizás interesante tener a un director especialista en Horror, una ganadora del Oscar, un actor cómico -para poner un rótulo- y un actor de cine independiente (Kyle MacLachlan) juntos en una película fantástica. Así de heterodoxa es la película basada en la novela homónima de John Bellairs, publicada hace 45 años.


La fantasía es aquel elemento mágico que nos recuerda a la niñez, y quizás no terminamos de perder completamente aún siendo adultos. Mientras miraba la película se me venía a la cabeza la función de talismán de ciertas pinturas en los inicios de la civilización. Quizás sea aquel elemento, que al no poder ser racionalizado y tampoco rechazado pervive en un nuestro inconsciente. Ese aspecto es el que explota acertadamente La Casa con un Reloj en sus Paredes que, a pesar de algún exabrupto, es sorprendentemente verosímil -se sobrentiende que hay que tener presente cierta denegación, entendida como concesión del espacio como real-.
Varios elementos contribuyen a ese "realismo mágico"  pero principalmente están orientados en lo refinado de su estética. El diseño de producción (Jon Hutman) como el trabajo de arte (Andres Cubillan y Walter P. Martishius) son sencillamente un deleite.
Mientras que no quedan atrás en esa estética son el peinado (Melizah Anguiano Wheat) y maquillaje (Fleur Morell), como el diseño de vestuario (Marlene Stewart).


Desafortunadamente, no todo es magia en la cinta de Eli Roth, ya que uno de los personajes centrales, Lewis Barnavelt (Owen Baccaro) resulta bastante estereotipado, mientras que Jack Black retoma su papel de excéntrico (como Jonathan Barnavelt), y Cate Blanchett tiene un buen trabajo en un rol que sin embargo le exige poco.
El ritmo narrativo, con la clásica estructura del descubrimiento y el gran enfrentamiento final, resulta lento para una duración relativamente corta. Estas cuestiones, a pesar de todo, no parecen condenar la solidez de ciertos aspectos mencionados, que se suman a una buena dosis cómica, e irónica.


La heterogeneidad de elementos de The House with a Clock in Its Walls, me recuerda a lo que le da a Meet Me in Saint Louis (1944) su distinción: siendo un musical tiene escenas de terror o suspenso. La mezcla de elementos cómicos, de suspenso, y hasta de terror le da al film una característica pintoresca, además de tener la venia del público.

Mi Calificación: 6 (seis) Buena

jueves, 6 de septiembre de 2018

El Último Hombre (2018):
-The Last Man-

Duración: 100 Minutos
Dirección: Rodrigo H. Vila (El Mismo Amor, los mismos derechos; Mercedes Sosa: La Voz de Latinoamérica; Boca Juniors 3D, la película)
Guión: Rodrigo H. Vila
Gustavo Lencina
Protagonistas: Hayden Christensen (Star Wars I, II, III; Construyendo la Vida; Jumper)
Harvey Keitel
Liz Solari (Mala, Amapola, Permitidos) 


Ficha en Wikipedia
Ficha en IMDb

Thriller post-apocalíptico producido por Argentina, Canadá y Estados Unidos. Con un elenco increíblemente heterodoxo, la película iba a tener como protagonista a Luisana Lopilato, pero fue reemplazada por Liz Solari.


Probablemente El Último Hombre sea uno de los proyectos más atípicos de un cine argentino que se está sabiendo aggiornar muy bien al modo de consumo actual. Esto se ve reflejado en su importante explotación y promoción de thrillers -tristemente con más presupuesto privado, por el desfinanciamiento del INCAA- y su cantidad de películas rápidamente disponibles en Netflix y otras plataformas digitales.
Nunca nuestro cine rehusó a las coproducciones, que generalmente son con España y traen a prestigiosos actores del país, pero hay que buscar más detalladamente para encontrar actores estadounidenses en una producción nacional, tal es el caso de La Cordillera (2017), por ejemplo -una colaboración llamativa también podría ser la del actor francés Gérard Depardieu en Sólo se vive una vez (2017)-.
En fin, podría pensarse que con tan interesante elenco plurinacional -cabe destacar además de les ya mencionades a Rafael Spregelburd-  no deberíamos preocuparnos por las performances. Pero, este no es el caso, trístemente. No sé si será por lo estereotipado de los personajes o por otro motivo, pero sinceramente las actuaciones son mediocres. Es rescatable el trabajo de Liz Solari, sin embargo, como Jessica.


Los personajes estereotipados vienen de la mano de un guión bastante extraño: hay escenas que por la forma en que están resueltas confieren cierta desconexión entre sí. Los diálogos son machistas y homofóbicos,  además de tener esa muy poca armónica combinación entre inglés y un argentino pseudo mexicano.
Soy, a pesar de todo, alguien optimista respecto a estos proyectos. Y, en sí misma, la película genera cierto optimismo gracias a una buena estética y producción. La fotografía (Daniel Ortega), si bien con reminiscencias a Sin City (2005), tiene un estilo personal logrado, y, junto al diseño de producción (Maximiliano Patko), logran generar una atmósfera bastante opresiva y oscura, la cual nos dice: no hay escapatoria. Ese tono nihilista lo logra también el guión, a pesar de ser bastante irregular.


Para tratar de cerrar esta crítica, tengo que decir que la recepción en sala, por parte de la prensa, fue bastante particular. Circularon ciertas risas irónicas, cosa que es entendible por como cierra la película y por la mencionada mezcla de idiomas.
Yo, no obstante, decido quedarme con lo bien intencionado del proyecto. Si bien hay cientos de películas post-apocalípticas, no hay tantas argentinas. Es sin dudas rescatable el gran y heterodoxo elenco, la producción y el trabajo estético.
Concluyendo, El Último Hombre es una apuesta arriesgada, y quizás un poco más ambiciosa de lo que mostraban sus posibilidades, pero su intención es más que respetable y todo género que evite caer en los thrillers o comedias -a las cuales no objeto nada- nacionales debe ser respaldado.

Mi Calificación: 5 (cinco) Regular

viernes, 10 de agosto de 2018

Tully (2018): 

 Duración: 95 Minutos
Dirección: Jason Reitman
Guión: Diablo Cody 
Protagonistas: Charlize Theron 
Mackenzie Davis
Ron Livingston (Band of Brothers, El Conjuro, Parkland)

Ficha en Wikipedia


Cuarta colaboración entre Jason Reitman y la ganadora del Oscar, Diablo Cody. A su vez es la segunda vez que ambos trabajan junto a Charlize Theron -la primera fue en Jóvenes Adultos (2011). Si bien la cinta tiene una temática relativamente cercana a Juno (2007), esta no es una sequela de la misma.


La película comienza con un plano de una escalera, a nivel del piso, en el mismo no hay simetría, ni ningún recurso llamativo. Vemos a la protagonista, en pijama bajar hasta el cuarto de su hijo.
Tully, no intentará engañarnos o, si se quiere, distraernos con una belleza idealizada de la vida cotidiana. Muestra a sus personajes tales como son, y su fotografía (Eric Steelberg) tampoco busca la sublimación.
Sin embargo, la cinta tiene su belleza: es quizás esa calidad del montaje (Stefan Grube) y la comprensión de la vida cotidiana que Reitman y Cody nos pueden traer.
La subjetividad también genera esa belleza y empatía, sea por esos planos muy cercanos a la protagonista, o como la sigue la cámara, también gracias a los conmovedores e irónicos diálogos cortesía de Cody.

Probablemente lo que no termina de encantar sea su giro argumental, que convierte a la película en algo distinto, más cercana a un thriller psicológico, quizás. Claro que se presenta relativamente sostenible, y digno de la protagonista, pero presenta muchos agujeros para rellenar no tan cómodamente.
Las actuaciones acompañan el buen nivel de la película, con una Charlize Theron aceitada, pero quizás a veces opacada por una muy buena Mackenzie Davis. Claro que el desequilibrio también se presenta por un sobre desarrollo del personaje de la segunda, que es increíblemente inteligente y empático -tiene su explicación tales características, pero genera el mencionado desequilibrio-.


Podría pensarse en Tully como una película gasolera: hace cosas interesantes con los recursos disponibles. Lo que la hace distinta y bella probablemente sea su técnica o ideología de filmación: ese realismo similar al europeo, pero estéticamente más cuidado, y con una edición diferente. No presenta un plagio estilístico, sino una visión personal.
Quienes escribimos sobre cine, nos sentimos atraídos a este tipo de películas, de presupuesto moderado e ideas bien desarrolladas, por lo tanto solemos respetarlas mucho. Debo decir que la cinta de Reitman es recomendable, y está por arriba de la media de la industria, sin embargo hay algo en ella que no posibilita una clausura global demasiado exitosa -bajo mi perspectiva-.

Mi Calificación: 7 (siete) Buena