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sábado, 20 de agosto de 2022

 

Doble Funcion #5: Desde la luz a la oscuridad


Hoy cerramos la triple “promesa” que había hecho hace unas ediciones atrás: voy a hablar de un género, o estilo, que me encanta. Algunos comparten este sentimiento conmigo, mientras que otros dicen que está sobrevalorado. Tardé bastante en llegar a él, pero esta vez fue simplemente por no haberlo escuchado nombrar. 


No voy a mentirte, es un poco de nicho. No obstante, probablemente hayas visto alguna película que sumó el prefijo “neo”. Haciendo memoria, probablemente yo también lo haya conocido gracias a un “neo” de los últimos años, pero en su momento no profundicé en él. Es por eso que a su versión “clásica” me acerqué hace relativamente poco, gracias a una película del “peor” director de la historia del cine. Dicho sea de paso, es una película bastante buena, e interesante. Pero bueno, dejemos el debate sobre Ed Wood para otro momento –ya hablé de él acá, de todos modos-. Sin más que decir, arranquemos. 


En el principio todo era oscuridad:

“No sabía que estaba haciendo noir, pensé que eran historias de detectives con poca iluminación” Marie Windsor. 

La frase de la “reina de las B movies” –y actriz de la increíble The Killing (Kubrick, 1956)- tiene, en verdad, mucho sentido. Con el noir no basta sólo con contar su historia, porque es también un estilo. Pero vayamos por partes, como dijo Jack El Destripador (?) 


¿Qué podemos sacar en limpio de la frase de Windsor? Primero que nada, tiene razón: mientras se estaban filmando no se denominaban así. Nadie decía "estoy haciendo un film noir". 

Si bien el término data del año 46’, la denominación no sería adoptada en “gran” escala -es decir, por la crítica- hasta los años 70. Y no provendría de Estados Unidos, sino de Francia ¿Viste? De algún lado tenían que haber salido esos policiales franceses extraños cómo Shoot the Piano Player (Truffaut, 1960), Sin Aliento (Goddard, 1960) o Le Samouraï (Melville, 1967).


Los noir también son, en general, historias de detectives con personajes icónicos del género como Sam Spade o Phillip Marlowe. Estos dos detectives fueron producto de la pluma de Dashiell Hammet y Raymond Chandler. Al primer detective lo podemos ver en El halcón maltés (Huston, 1941), y al segundo en The big Sleep (Hawks, 1946). De aquí deducimos una característica del género: suelen ser adaptaciones de grandes novelas negras/hard boiled de la época. 


Quizás en lo último que dijo la buena de Marie reside el quid de la cuestión en lo que refiere al noir: la “poca luz” o, hablando más técnicamente, la iluminación en clave tonal baja. Para esto hay varias razones: primero que nada, al usar menos equipo eléctrico las películas salían más baratas –en una época dónde escatimar era fundamental-. Segundo: algunos de los directores eran herederos o formaron parte del expresionismo alemán, y el estilo oscuro y sombrío de la fotografía maridaba perfectamente con la atmósfera nihilista de las películas. La fotografía del noir se caracterizaba por un fuerte uso del contraste, cierta exageración de las sombras y pocas fuentes lumínicas. 

Con esto podemos cerrar las características estilísticas del noir –género cuyas películas también se caracterizan por siempre “terminar mal”-. Ahora vamos con un poco de contexto.

  



(Not) Out of context:


Corría el año 1933 y un tipo con un bigote parecido al de Chaplin, pero para nada simpático, asumía la cancillería en Alemania. Por ese motivo -y especialmente después de la Noche de los cuchillos largos-, miles de personas tuvieron que escapar de Alemania, especialmente aquellos de religión judía. Probablemente te suenen algunos de los directores que emigraron (forzadamente) a Estados Unidos: Fritz LangRobert Siodmack y Billy Wilder, entre otros. 


Cineastas, directores de fotografía y técnicos trajeron a Estados Unidos una forma distinta de hacer cine, influenciados por el expresionismo alemán -que ayudaron a construir-. El expresionismo alemán, con películas increíbles como El Gabinete del Dr. Caligari (Wiene, 1921) y Nosferatu (Murnau, 1922) trajo el uso exagerado y “poco realista” de las sombras, una iluminación muy particular de los rostros, y, más que nada, una atmósfera sórdida -e incluso macabra- vinculada al zeitgeist alemán. 


Los noir, aunque hay historiadores que ya los encuentran a fines de los 30, tardaron unos años en llegar. De hecho, se podría trazar un paralelismo con el ingreso de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial y la salida del primer noir “oficial”. Entrecomillo oficial porque no hay un acuerdo sobre cuál fue el primer noir: algunas fuentes le atribuyen el título a Stranger on the third floor (Ingster, 1940). Yo sinceramente no estoy para estas polémicas (?) Volvamos...

El estreno de El Halcón Maltés llegaría en Octubre de 1941, unos meses antes del ataque japonés a Pearl Harlbor. Antes y después de la película se vislumbraba un clima social bastante poco optimista y el noir reflejaba esa visión del mundo. Los protagonistas suelen ser antihéroes que se enamoran de una femme fatale -personajes arquetípicos del género-. Es decir, estábamos en un tiempo de desengañosSe suele considerar al año 1958 como el último del noir clásico. 



Luego de El Halcón Maltés seguirían películas como Laura (Preminger, 1944), Double Indemnity (Wilder, 1944) o Detour (Ulmer, 1945). Finalizada la Segunda Guerra empezaría una importante proliferación del género, llegando incluso a países como Inglaterra, con películas como The Fallen Idol (1948) o The Third Man (1949), ambas dirigidas por Carol Reed. En los cincuenta tendríamos algunos film noir que se acercaban a otros géneros y se animaban a diversificar las historias, hablando sobre temas variados como: la industria fílmica, el mundo del espectáculo y los deportes. También la estilización se volvería más compleja. 


Se suele considerar al año 1958 como el último del noir clásico. Curiosamente, ese año salió una de las mejores películas del género, como es, Touch of Evil del magnífico Orson Welles. Para fines de los cincuenta ya teníamos películas bastante diferentes a las que caracterizamos antes, y la cosa siguió con las películas francesas que ya mencionamos -que reversionan bastante al género-. Esto quiere decir que nacía el neo-noir, que tantas alegrías nos daría.  



El cine dentro del cine:

Durante los últimos años nos acostumbramos a ver distintas películas “meta”. Es decir, películas que hablan sobre películas. Sin embargo, esto no es nada nuevo. Como les decía, para los años cincuenta, los temas que abordaban los noir se fueron diversificando y, por eso, llegaron a reflexionar sobre la misma industria que los producía. 


Para esta entrega elegí dos películas “meta” sobre guionistas. No te vayas, te prometo que son bastante divertidas. Las películas en cuestión son: In a lonely place (Ray, 1950) y Sunset Boulevard (Wilder, 1950).


In a lonely place tiene como protagonista a un guionista que no está en su mejor momento. Eso cambia cuando conoce a una mujer que le da una perspectiva distinta de la vida. Por supuesto que no estamos frente una película romántica: nuestro guionista es bastante violento, y su novia empieza a sospechar que puede ser el perpetrador de un asesinato que lo tiene como principal sospechoso. La película tiene a un gran Humphrey Bogart y a una gran Gloria Grahame. Además, logra generar una tensión e incomodidad impactantes. Está maravillosamente filmada, y esto resulta evidente cuando tenemos a un cineasta de la talla de Nicholas Ray en la silla de director. Creo que esta película nos es bastante útil a la hora de pensar la idea de desengaño que saqué a relucir varios párrafos atrás. Hay un claro desengaño amoroso, y la mujer enamorada tiene que luchar contra la idealización de su pareja. Lo interesante de la película reside en los matices de nuestro guionista, Dix. Es un veterano de guerra, y si bien es capaz de la más extrema violenica, parece conmoverse con personas a las que el paso del tiempo les fue cruel. Claro que esto no justifica sus acciones, pero le da a Bogart un vehículo expresivo diferente, y por eso se dice que fue su mejor papel. 



Sunset Boulevard es para mí la mejor película del género, porque sabe combinar humor negro -véase la tan particular escena funeraria- con personajes psicológicamente profundos y, a su vez, nos habla sobre la transición del cine silente al sonoro. Como si esto fuera poco, la película es meta por dónde se la vea: está protagonizada por una estrella del cine silente -caída en desgracia- como fue la increíble Gloria Swanson y coprotagonizada por un gran director del período como fue Erich Von Stronheim. Tanto la actriz como la protagonista tienen su momento de gloria. El protagonista masculino es un guionista venido a menos huyendo de sus acreedores. Por un lado tenemos a una actriz ermitaña, completamente alejada de la realidad, que sueña con volver al estrellato. Por el otro a un guionista, de dudosa moral, que decide aprovecharse de la fortuna de la actriz. 



Como vemos, en ambas películas tenemos a protagonistas masticados y escupidos por la industria del cine, que son “empujados a la delincuencia”. No es extraño que los protagonistas masculinos sean guionistas: una de las profesiones más ingratas en el mundo del séptimo arte. Recordemos que en esa misma época teníamos la lista negra de Hollywood, que afectó especialmente a guionistas, como Dalton Trumbo.


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Si te interesó el tema y querés profundizar podés leer mi artículo sobre Orson Welles donde hablo de dos de sus tres noir, chequear mi lista de Letterboxd que tiene casi 30 películas del género o pegarle una ojeada al libro “Film Noir: films of trust and betrayal” de Paul Duncan. 

 




sábado, 13 de agosto de 2022


Doble Función #4: 1968

Hoy retomamos nuestro camino luego del paréntesis de la edición anterior. En la edición número dos hice la “promesa” de hablar sobre dos géneros. Esos géneros eran… Pará, no te voy a arruinar la sopresa o, más bien, voy a especular con que olvidaste cuáles son. 

Para empezar, me gustaría hablar sobre los prejuicios.No te asustes, no hablo de prejuicios raciales. Me refiero a los prejuicios que tenemos hacia determinados géneros o épocas del cine. 


Desde muy chico fui expuesto a un capital cultural, como mínimo, interesante. Desde que tengo uso de memoria siempre tuve acceso a películas en VHS. Un poco más de grande ya me llevaban a alquilar películas a Blockbuster y también al cine. De esta manera, entre los ocho y diez años de edad había visto películas como Spiderman (Raimi, 2002), Harry Potter (Colombus, 2001), Matrix (Wachowski, 1999) o incluso ¿¡El Cazador de Wolfcreek (McLean, 2005)!? Más adelante, con la popularización de las películas en VCD y DVD tendría aún un mayor acceso a películas muy variadas. Por supuesto que no veía algunas películas que “no iba a entender”, y desarrollé algunos prejuicios contra ciertos géneros: había visto muy pocos musicales, pocas películas de los ochenta y muy pocos westerns. 


(De)formación Cultural:



Como ya señalé en la introduccción, me crié con algunos prejuicios hacia determinados tipos de películas, y por qué no hacia estilos musicales. Por estos prejuicios, hasta diciembre del año pasado había visto solamente dos Spaghetti Western en toda mi vida y eran dos que venían con el tema del prestigio: El bueno, el malo y el feo (1966) y Érase una vez en el oeste (1968), ambos del gran Sergio Leone. Los vi en Netflix hace como cinco años, pero prácticamente no me los acuerdo. Por este motivo, considero que mi bautismo con el subgénero fue recién en Diciembre del año pasado con Django (Corbucci, 1966). Aquí me encontré con una película sorprendentemente violenta, locaciones llenas de barro, buena música y una importante dosis de entretenimiento ¿Cómo conocí a este increíble director? Esto fue mérito de uno de los más grandes cinéfilos contemporáneos: Quentin Tarantino


Luego de un rewatch de Once upon a time in Hollywood, me surgió la curiosidad de trackear alguna de sus referencias y ahí llegué al cine del, injustamente denominado, “el otro Sergio”. A partir de ahí caí en un agujero negro que me llevó a ver ocho Spaghetti Western y a poner en mi watchlist muchos más. Bueno, luego de esta introducción penosamente autobiográfica, ya te habrás dado cuenta que hoy cumplimos la promesa de hablar sobre el “western all'italiana”.




Por un puñado de historia(s):

Para los años sesenta, la época de oro de los westerns americanos había terminado. Empezaban a perder popularidad como buena parte de los productos del viejo Hollywod -transición de la que hablamos acá-. La gran mayoría eran producciones pequeñas y con personajes bastante maniqueos: el malo era muy malo y tenía un sombrero negro, y el bueno era muy bueno y tenía un sombrero blanco. Durante ese tiempo, Italia se estaba recuperando de los efectos del facismo y la Segunda Guerra Mundial. Durante esa época gran parte de Europa empezó a tener un mayor acceso a películas norteamericanas. Eso produjo que admiradores del western como Sergio Corbucci y Sergio Leone, quisieran hacer los suyos. 


Ambos directores venían de dirigir Peplums, que eran básicamente películas épicas italianas. Mientras Corbucci ya contaba con un amplio curriculum como director en los sesenta, Leone también contaba con un amplio curriculum, pero como asistente de director y segunda unidad. Sin embargo, fue Leone el padre de la criatura, al estrenar en 1964 Por un puñado de dólares, con un relativamente desconocido Rick Dalton, ehmm digo Clint Eastwood. En esta película Leone ya demostraba su elegancia y capacidad para la puesta de cámara. Per un pugno di dollari rompió la taquilla italiana y provocó que todo productor con deseos de obtener un puñado de dólares más tratara de imitar la fórmula de la película de LeoneA pistol for Ringo (Tessari, 1965) fue una de las primeras en seguir sus pasos y luego muchas más la siguieron, hasta aproximadamente 1975/76. Vale la pena mencionar que de 1976 es la genial Keoma, de Castellari, pero es una rara avis para el momento. Tan rara que tiene a un Franco Nero ¿¡hippie!? 


Ahora probablemente te estarás preguntando cuál era esa fórmula de la hablamos. ¿Qué caracterizaba a un Spaghetti Western? Estar protagonizado por un antihéroe que persigue intereses individuales, ser más violento y tener más acción que los westerns americanos. Los soundtracks son increíbles y diferentes (con compositores como MorriconeBruno Nicolai o Francesco De Masi), y no tenemos sonido directo. Por supuesto que se podrían mencionar varias características más, pero esto es un newsletter y no un dossier (?




Érase una vez en 1968:


Hecha esta introducción, que al final quedó bastante larga, las películas que elegí para esta entrega son: Il mercenario e Il grande silenzio, ambas de 1968 y dirigidas por Sergio Corbucci

Ese año fue un buen año para los spaghetti western, ya que también tuvimos Érase una vez en el Oeste y la muy divertida Django, prepare a Coffin de Ferdinando Baldi. Probablemente uno de los mejores años del subgénero, y solamente superable por 1966. A nivel histórico la cosa estaba un poco más complicada.. Tuvimos varios asesinatos políticos como el de Robert Kennedy -y algunos más importantes de los que vamos a hablar después- y diversas revueltas/revoluciones como la Primavera de Praga. Ahora quizás se entiende un poco más por qué las películas de esa época -tanto las italianas como las estadounidenses- no escatimaban en sangre. Al parecer la violencia social/estatal informaba a las películas y no al revés, como nos quieren hacer creer. Pero bueno, volvamos a las películas...


De estas dos películas de CorbucciIl mercenario es la más relajada, gracias a sus elementos de comedia y a un gran manejo de la espectacularidad que se manifiesta en las, muy entretenidas, escenas de acción. Sin embargo, esto no quita que sea una película política: recordemos que estábamos en el año del Mayo Francés. Aquí Corbucci reflexiona sobre la revolución, las ideologías y sobre cómo ambas se pueden ver comprometidas cuando hay intereses económicos detrás. Aquí tenemos a Kowalski, una protagonista individualista y motivado por el dinero, pero de buen corazón. Si querés investigar, te cuento que Il mercenario pertenece a un subgénero dentro del subgénero, que es llamado Zapata Western (ambientados durante la revolución mexicana). Ese

"cambio" de locación no nos va a resultar tan extraño al recordar que Estados Unidos apropió/invadió territorio mexicano a fines de 1840. 

 



Il grande silenzio, en cambio, es una película mucho más oscura y con un final bastante anticlimático. Tiene la característica de ser uno de los pocos Spaghetti Western de la época filmados en la nieve, lo que lo hace verse muy bien. Aquí tenemos a un protagonista mudo -silenciado si se quiere-, interpretado por el querido Jean-Louis Trintignant (que nos dejó hace sólo diez días si leíste esta edición en tiempo y forma). Silenzio o Gordon, a diferencia de Kowalski, si tiene el deseo de ayudar a los desposeídos y por eso *ALERTA SPOILER* paga las consecuencias. Aquí los grandes enemigos son los Bancos y el Estado. El antagonista es un psicópata llamado Loco o Tigrero, interpretado por, un actor con los mismos rasgos, Klaus KinskiMientras que Il mercenario es una película más descontracturada, Il grande silenzio es una película más solemne, influenciada por los asesinatos de figuras políticas como Martin Luther King, Malcom X, o el Che Guevara.




Elegí estas dos películas porque aquí se puede ver la evolución de los personajes: mientras uno es pragmático e individualista –y sobrevive-, el otro se preocupa por el bien de los demás –y muere- ¿Un mensaje un poco sombrío no? Pero bueno, así era Corbucci. Me parece que también son interesantes para pensar cómo en un mismo año el zeitgeist puede pasar de ser esperanzador y comunitario a ser nihilista y oscuro. De esta forma, no parece tan extraño que en Noviembre de ese año ganara las elecciones Nixon.


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Si te interesó el tema y querés profundizar podés chequear mi lista de Spaghetti Western, ver el documental Django & Django o ver este video de YouTube (subtitulado en Inglés). 


 


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domingo, 31 de julio de 2022

 

Doble Función #3: PRIDE 

Hoy vamos a hablar del elefante en la habitación. Si me siguen en Instagram seguramente habrán notado la poca cantidad de contenido LGBT+ que he subido durante este mes, a pesar que la temática me toca a nivel personal. Probablemente haya dos motivos para eso: primero que la Marcha del Orgullo en Argentina se celebra en Noviembre, y segundo porque las marcas explotan este mes para vender cosas con arcoíris y cambian sus logos para poner al susodicho cuando en su vida contrataron a una persona de la comunidad. 

Pero bueno, dejemos mis ranteos para otro momento (?). A pesar de estas cosas, siempre es posible aprovechar determinadas fechas para generar un contenido realmente interesante para quienes me leen, escuchan o ven. Por eso, aunque prometí hablar de noir y spaghetti western, vamos a aprovechar la entrega de hoy para hacer un paréntesis y hablar de dos películas, si bien conocidas, diferentes. 


Películas (realmente) LGBT+:



Para empezar, me parece interesante mencionar por qué en Argentina se celebra la Marcha del Orgullo en Noviembre. Esto nos lleva a 1967, dos antes a la Revuelta de Stonewall, y a la época del onganiato en Argentina, una de las dictaduras más salvajes del país. En Gerli, Provincia de Buenos Aires, se fundaba el movimiento “Nuestro Mundo”, conocido como el primer “intento de organización homosexual en Argentina”. Sin embargo, no quiero profundizar demasiado al respecto, porque Sexo y Revolución de Ernesto Ardito trata muy bien el tema y también entrevisté a su director al respecto.


Yendo un poco más a lo que nos atañe, hacer una lista de películas LGBT+ interesantes es bastante complejo, dado que las más conocidas no fueron hechas por personas de la comunidad. Es por esa razón que todavía no me animé a hacer un video de Youtube sobre el asunto, pero la lista de películas que estuve armando durante estos años ya está bastante pulida. Al hablar en este newsletter sobre solamente dos películas, distintas orientaciones sexuales e identidades van a tener que quedar afuera, pero para tratar de compensar estas ausencias mencionaré algunos títulos que me parecen interesantes.
Si querés ver una película con un personaje bisexual como protagonista te recomendaría Cabaret (Fosse, 1972), si querés un personaje queer en el centro de la acción no está mal Titane (Ducournau, 2021). Si estás buscando personajes trans interpretados por personas trans la indicada es Tangerine (Baker, 2015) y si querés una con un personaje intersex podés acudir a XXY de la gran Lucía Puenzo. Hechas todas estas menciones, seguramente te diste cuenta que vamos a hablar de la “L” y la “G”. 



    


Si la película de Bemberg, estaba ambientada en México durante el siglo XVII, ahora pegamos un salto temporo-espacial y nos vamos a Buenos Aires en los años noventa. Allí, un loco hongkonés decidió hacer una de las películas más bellamente filmadas de todos los tiempos. Aquí los protagonistas son una pareja gay hongkonesa que intenta recomponer su relación en Buenos Aires. El retrato de la relación y el afecto que tienen entre ellos resulta sincero y realista -no como el de Call me by your name (Guadagnino, 2017). No es o, al menos, no parece una película pensada desde una perspectiva heterosexual o masculina-femenina. Por otro lado, Buenos Aires está filmada de una forma que nunca pude imaginar y, bajo la perspectiva de un extranjero, parece una ciudad completamente diferente. El encargado de la fotografía fue el australiano Christopher Doyle, habitual colaborador de Wong. A Doyle le debemos In the mood for love  y Chunking Express, pero también la remake de Psycho (Van Sandt, 1998). El australiano fotografió como nadie Puerto MaderoLa BocaMisiones, e incluso Rutas ProvincialesDicho esto, con Happy Together no sólo tenemos una historia de amor poco idealizada, sino que también tenemos cierto ambiente onírico y por qué no, cine poético. 


¿Qué une a ambas películas? Principalmente que ambas están filmadas en Latinoamérica y que nos llevan a escenarios prácticamente impensados. Quizás aproveché el contraste entre protagonistas masculinos y femeninos, pero ambas películas nos hacen entender qué es el cine: la posibilidad de pensar lo (hasta ahora) impensable. Ambos directores atravesaron diversas dificultades para llevar a cabo sus proyectos, pero lo que importó al final fue la determinación que tenían para contar sus historias. El resto fue historia. 


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sábado, 23 de julio de 2022

 

Doble Función #2: Stick it to the man!


Hoy voy a hablar de más íntimos deseos… ¿Te asustaste? No te asustes, están vinculados al cine y no al erótico. No suelo hablar mucho de mi vida, pero por ahora somos una pequeña familia en Doble Función y, por eso, les cuento esto. Probablemente sepan que estoy obsesionado con el cine y, uno de mis mayores deseos (hasta ahora trunco) es armar un cineclub. 


Estuve bastante cerca, y el primer mes del mismo iba a estar dedicado al cine Noir, el segundo a Blaxploitation y el tercero a Spaghetti Western. Como ese proyecto no pudo ser, voy a aprovechar para hablar de estos géneros, que me gustan bastante, por acá. 


Sin más preámbulos, en esta segunda edición, vamos a hablar de dos películas de un subgénero del exploitation. Si, adivinaste, son dos películas del blaxploitation. Así que ¡a la carga compañerxs! 


Algo habrán hecho:

 

En la edición anterior hablamos de una película de 1971, y de los conflictos raciales y políticos de esa era en Estados Unidos. 1971 también es el año de nacimiento del blaxploitation. El padre de la criatura fue Sweet Sweetback's Baadasssss Song del querido Melvin Van Peebles, que nos dejó el año pasado. Para esa época habían pocas películas protagonizadas por afroamericanos (Sidney Poitier era la excepción) y mucho menos dirigidas por afroamericanos (Oscar Micheaux era la excepción). Las race films, que empezaron en 1915, habían quedado atrás a principios de los 50. Por lo tanto, había un mercado completamente desatendido: el afroamericano. De esta forma, Van Peebles, con su propio dinero y un préstamo de Bill Cosby (miedito) filmó en 19 días su ópera prima. 


Sweet Sweetback’s estaba bastante lejos de ser un obra maestra, pero tenía un personaje que se rebelaba contra The Man (el hombre blanco o por qué no el racismo sistémico). Por ese motivo, la película de Van Peebles rompió la taquilla: le hablaba a un público al que (casi) nadie se había dirigido antes y menos de esa manera ¿Los estudios se volvieron menos racistas y empezaron a producir películas de autores afroamericanos? ¡Claro que no! Olieron guita, y empezaron a producir películas –generalmente thrillers- con protagonistas afroamericanos pero dirigidas por blancos. Ejemplos de estas películas son Foxy Brown (Hill, 1974) o Cleopatra Jones (Starrett, 1974). Quizás no sean lo mejor del subgénero... Esto no quita que hubiera directores afroamericanos autofinanciados como Gordon Parks, Gordon Parks Jr. y Fred Williamson, entre otros. Probablemente las mejores películas hayan sido dirigidas por afroamericanos, y en esos casos tenemos a Shaft (Parks, 1971), Superfly (Parks Jr. 1972), Blacula (Crain) y Cotton Comes to Harlem (Davis, 1970). 



 Las películas eran generalmente thrillers con protagonistas afroamericanos que solían ser policías, dealers, o proxenetas. Su objetivo era luchar contra la injusticia racial a su manera. El villano solía ser blanco, los soundtracks eran increíbles y, en general, las películas estaban filmadas en locación. También se caracterizaban por tener bastante sexo y violencia, como toda película exploitation de bien (?) Por las temáticas te habrás dado cuenta que era un subgénero que no ayudó demasiado a la comunidad afroamericana en la lucha contra los estereotipos raciales. Por eso, solían ser boicoteadas por los activistas de la época. El blaxploitation tuvo desafortunadamente una mecha bastante corta: los estudios destinaban presupuestos cada vez más pequeños y el tiempo de rodaje era cada vez menor. De esta forma, las audiencias se fueron cansado de estas películas y el boicot de los activistas se fue volviendo cada vez más fuerte. Para 1975 ya encontrábamos al género en decadencia, tanto por la calidad de las películas como por la decisión de las productoras (blancas) de abandonar el barco.

Policías que no son racistas:


Para la edición de hoy elegí dos películas del subgénero que tienen directores afroamericanos: Cotton comes to Harlem (Davies, 1970) y Shaft (Parks, 1971). Tenemos a una pareja de policías por un lado y a un policía solitario por el otro. Ambos intentan resolver crímenes sin preocuparse demasiado por el procedimiento. En las dos películas vemos cierta brutalidad policíaca y a protagonistas que son respetados por su experiencia en las calles de su ciudad. Esto hace que puedan operar con cierta tranquilidad. Shaft (1) por un lado, Grave Digger y Coffin Ed (2) por el otro, intentan proteger a sus comunidades de una guerra racial (1) y de una estafa de miles de dólares (2).


Como buena parte del blaxploitation, las dos películas tratan cuestiones políticas. Eso si, siempre desde sus idiosincracias: Shaft trata cuestiones de sexualidad, masculinidad y las dinámicas poder, mientras que Cotton comes to Harlem se enfoca en la situación cultural afroamericana, refiriéndose al movimiento Back to Africa y dando cuenta de la estética afroamericana de la época –que estaba inspirada en sus raíces africanas-. En lo que respecta al tono, la segunda tiene elementos de comedia que la hacen bastante fresca, mientras que la primera tiene un tono más solemne. 



Shaft no es una obra maestra: tenemos bastantes escenas dónde el protagonista no hace más que caminar de un lado a otro, y los diálogos entre los personajes son bastante parcos. No obstante, es realmente de otro mundo para esa época -y para la actual- ver a un protagonista afroamericano en una posición de poder y especialmente uno que tiene la presencia de Richard Roundtree. El actor se convirtió en un sex symbol de la comunidad y redefinió el concepto de black is beatiful. Dicho esto, sería injusto no reconocer el gran trabajo de vestuario que tiene la película. También te vas a encontrar con un gran soundtrack, pero con una mala edición de sonido. La producción seguía el, respetable, principio del DIY. A pesar de sus limitaciones también vas a encontrarte con locaciones interesantes y una buena fotografía. Lo que si no esperes algo con un ritmo trepidante. 



Con Cotton comes to Harlem si vas a encontrar algo un poco más inspirado. Tiene buenas escenas de acción -con una persecución maravillosa en el primer acto- y un humor bastante fluido. Personalmente creo que Cotton sirvió de inspiración a varias películas bastante posteriores, como Bad Boys (Bay, 1995) y Beverly Hills Cop (Brest, 1984). También vas a encontrar las mismas virtudes que tenía Shaft, pero amplificadas: tiene una fotografía y locaciones maravillosas. Por supuesto que nada es perfecto: como varias películas del género es bastante confusa a nivel narrativo y tiene un pacing irregular. 


A pesar de que estas películas tengan su contenido político este no se siente acartonado, y el principal objetivo que tienen es entretener a la audiencia. El blaxploitation, a pesar de sus contradicciones, logró llevar a la cultura afroamericana a lugares inusitados (como la pantalla grande) y a un público masivo. Sería difícil pensar la industria cultural afroamericana de nuestros tiempos sin el trabajo previo de pioneros que arriesgaron sus ahorros y reputaciones para poder contar sus historias.


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Hasta aquí llegó la edición de hoy... ¿La disfrutaste? ¿Sumaste películas a tu watchlist? Si ese es el caso te podés suscribir al newsletter aquíSi te interesó el tema y querés profundizar podés escuchar el capítulo de The Tinsel Factory sobre Blaxploitation (en inglés) acá. O ver el siguiente documental (subtitulado al español). También tenés mi video de YouTube de películas con protagonistas afroamericanos. Ah! Y mi lista de Letterboxd.